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Monday, May 12, 2014

Beneficios para personas mayores

El tema de la próxima reunión del Grupo de Apoyo de Fajardo será: Leyes y programas del gobierno que benefician a las personas de edad avanzada. El recurso para esta actividad será la Lcda. Alba Reyes quien labora en el Municipio de Fajardo. Como de costumbre, nuestra reunión comenzará a las 10:00 a.m. en la Iglesia Evangélica Unida de Florencio. La actividad se lleva a cabo el próximo sábado, 17 de mayo.

Inviten a sus amigos y familiares para que se orienten sobre este importante tema.

Sunday, November 29, 2009

La cuidadora -- figura clave para el envejeciente


por María Parés Arroyo (mpares@elnuevodia.com)


La población envejeciente va en aumento, así como sus necesidades. Los cuidadores se convierten entonces en figuras claves para sacar hacia adelante a esta personas de la llamada tercera edad y lograr que tengan una mejor calidad de vida.


Aunque no se conocen cuántos cuidadores de envejecientes hay en el país, datos de la Oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada (OPPEA), reflejan que en Puerto Rico viven unas 770,000 personas mayores de 60 años, de las cuales sólo un 7 a 8% vive fuera de sus hogares en instituciones dedicadas a su cuidado.


Según Sonia Adrover, del Programa de Apoyo al Cuidador del Hospital de Vateranos, los cuidadores proveen el 80% de los cuidados a envejecientes y pacientes con condiciones crónicas.


"Siempre digo que hay tres clases de personas: los que cuidamos, los que se cuidan y los que estamos en turno de que nos cuiden", dijo Adrover.


Rossana López, procuradora de las Personas de Edad Avanzada, comentó que la responsabilidad mayor del cuido de estas personas recae en familiares del individuo, mayormente hijos y nietos, muchos de los cuales desconocen cómo satisfacer correctamente las necesidades básicas de su cuidado.


Según datos de la OPPEA, el año pasado se radicaron 3,672 querellas por maltrato contra envejecientes, la mayoría perpetrados por hijos y nietos de la persona afectada. "Muchos no dicen porque son sus familiares, por eso entiendo que son el doble o el triple los casos ", dijo López.


Negligencia, abuso emocional, abandono en el aseo personal y apropiación ilegal o explotación financiera son las cuatro quejas principales atendidas en la OPPEA. Con el propósito de aumentar las redes de apoyo para la población envejeciente, así como las herramientas de ayuda al alcance del cuidador, López comenta que la OPPEA coordina una serie de programas que pretende extender por todo el país.


Dentro de las herramientas de trabajo, López destacó que hay un pequeño documental en español que recrea cómo se debe cuidar a un envejeciente.


(tomado de El Nuevo Día , 27 de noviembre, 2009)

Tuesday, November 10, 2009

Los ancianos en su hogar

Hogar para la vejez: Ajustes y decisiones que afectan a toda la familia

Por Ileana Delgado Castro / idelgado@elnuevodia.com

Alos 95 años, don Vicente mantiene una salud física envidiable. Y aunque ya ha comenzado a mostrar algunos síntomas de Alzheimer, todavía lleva una vida relativamente normal en un apartamento independiente, en la casa de su hijo.

“Cuando mi suegra murió, hace cinco años, lo trajimos para que pasara una temporada con nosotros y se quedó. Pero desde hace un tiempo toda la familia ha tenido que hacer ajustes para estar pendiente de él”, cuenta su nuera, Ana, quien prefirió usar un seudónimo.

Y aunque Ana acepta que la familia ha discutido la posibilidad de llevarlo a un ‘home’, cuando entiendan que no pueden darle la calidad de vida que él se merece, asegura que “va a ser una decisión muy difícil de tomar”.

Ramón, en cambio, nunca se ha planteado llevar a su madre, de 96 años, a un hogar de ancianos, a pesar de que está encamada y con múltiples achaques. El hombre, de 66 años, quien también pidió anonimato, dice que su corazón nunca le permitiría sacar a su madre del hogar donde ha vivido casi toda su vida.

“En una ocasión uno de mis hermanos se atrevió a sugerirlo y lo boté de la casa”, recuerda molesto, aunque acepta que su vida ha cambiado drásticamente desde que su madre comenzó a mostrar señales de que ya no podía cuidarse sola.

El caso de Ana y Ramón no es único. Son solo dos ejemplos de las situaciones que se dan a diario en cientos de familias puertorriqueñas que hacen cambios drásticos y ajustes en el diario vivir de la familia, para atender las necesidades de sus seres queridos.

En contraste, también hay un gran porcentaje de ancianos que son abandonados a su suerte en los hogares donde fueron internados, sin contar los que son abusados en sus propias casas.
De hecho, según el psiquiatra geriátrico José Franceschini se estima que hasta un 10% de esa población es maltratada física y psicológicamente.

Decisión difícil

“En Puerto Rico, debido a nuestra cultura, tratamos de mantener al anciano en el seno familiar todo el tiempo que se pueda”, afirma el profesor de gerontología Walter Rosich, catedrático auxiliar de la Escuela Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas.

Por ejemplo, según la encuesta de comunidad que realizó el Negociado del Censo en el 2007, en el 40% de los hogares puertorriqueños residía una persona de 60 años o más y en el 64% de esos hogares las personas de edad avanzada vivían junto con otros familiares como, por ejemplo, hijos.
Y es que, según Rosich, institucionalizar a un anciano es un asunto que crea bastante ansiedad entre los familiares. Aún así, agrega el geriatra, hay unas razones de peso que pueden precipitar esa decisión.

“Una es cuando el anciano tiene cierto grado de incapacidad física o mental. Esa dificultad aumenta más cuando los hijos o las personas que los pueden cuidar trabajan fuera del hogar”, señala Rosich, quien estima que la reacción de los ancianos cuando saben que irán a una institución varía.

Algunos se pueden sentir desarraigados, “arrancados de raíz de su comunidad, de su familia y entorno”. Mientras que otros sienten alivio porque ya no pueden realizar las actividades básicas del diario vivir -como bañarse o vestirse- y esos hogares les suplen esas necesidades.

“La decisión va a depender del grado de independencia o incapacidad del anciano”, afirma Rosich y subraya que hay ciertos niveles de cuidado que no necesariamente implican la institucionalización. Sobre todo, si puede obtener asistencia en el hogar, contratando algún servicio privado o a través de ayudas de agencias gubernamentales.

Por ejemplo, de ama de llaves, de enfermería en el hogar o ser participante de un centro de actividades múltiples. De hecho, según Franceschini, lo ideal es mantener al anciano cerca de su entorno familiar, ya sea en su propia casa o en la de un hijo o familiar cercano. Otra opción, recomienda, es contratar a alguien que lo cuide en su propio hogar si cuenta con los medios económicos.

“Como familia, uno siempre debe tratar de que nuestros viejos se queden en el lugar menos restrictivo posible. Lo ideal sería que se mantengan en sus casas”, aconseja Franceschini. Y si no hay otro remedio que llevarlo a un hogar porque la familia entera se está afectando, aconseja buscar un lugar lo más cercano posible para que la familia lo pueda visitar “frecuentemente y a deshora”, para verificar que se esté cuidando adecuadamente. También es importante, aconseja el psiquiatra, visitar el hogar antes y fijarse, por ejemplo, si hay ancianos amarrados a una silla o si están totalmente sedados.

De hecho, muchos de estos hogares son visitados por médicos que no están especializados en geriatría, lo que puede provocar que no sean tratados adecuadamente, señala Franceschini, quien destaca que hasta un 33% de los pacientes geriátricos tienen un mal manejo de sus condiciones.

Por eso es importante, agrega el psiquiatra, que el anciano mantenga su médico de cabecera. También recomienda a los familiares que estén pendientes de los medicamentos que está tomando y de que no esté sobresedado.

“Para el viejo que es internado, el cambio es traumático y toma algún tiempo en ajustarse. Pero esto va a depender, en gran medida, de cuánto cariño reciba y de que no se sienta abandonado por su familia”, agrega Franceschini, y enfatiza en atender sus quejas o reclamos respecto a la forma en que es tratado en el hogar “y hacer las investigaciones necesarias porque es muy duro no sentirse querido o que no lo están defendiendo”.

Lo importante, recomienda Rosich, es que se tome una decisión informada “para reducir la posibilidad de errores graves”. Por ejemplo, una institucionalización innecesaria o tratar de lidiar con unas complicaciones que requieren servicios especializados o de personal altamente adiestrado.

La decisión, además, se debe tomar en conjunto con el anciano, si este está apto para entender lo que se va a hacer.

“No tengo dudas de que en un futuro no muy lejano, estarán disponibles para el anciano una serie de servicios en su propio hogar a un costo razonable”, afirma Rosich, al tiempo que destaca que la expectativa de vida está aumentando, mientras se reduce la tasa de nacimiento, lo que provoca el envejecimiento de la población.

“Ahora, el reto mayor es brindarle a esa población una mejor calidad de vida”, subraya Rosich, tras sentenciar que siempre ha pensado que el grado de civilización de un pueblo se puede medir de acuerdo con la forma en que trata a sus ancianos. “Hemos dado unos pasos grandes en esa dirección, pero todavía nos falta mucho por hacer”, asegura el médico.
(tomado de El Nuevo Día, martes, 10 de noviembre, 2009)